
Abrió fuego Rafa (tan versátil y servicial como siempre, acepta de buen grado ser primero, último, o lo que toque) ofreciéndonos una historia de amor no correspondido de Juanito hacia la bella Muriel, con un sorprendente final interactivo en el que el auditorio prefirió ¡ay! el final más realista, pero menos romántico.
Le siguió Marcos con 2 pequeños poemas en los cuales, tanto por su temática como por el encanto recitador del rapsoda, podemos decir que el tema era el amor... a la poesía.
Tras él, Laureano se salió del tema amoroso para centrarse en dos tonos, el rojo-vino y el rojo-prohibición, recitándonos un poema breve, divertido e ingenioso sobre "las insuficiencias de las leyes", que gustó y sorprendió al auditorio.
Félix continuó con un nuevo episodio, largo esta vez, de su serie de amoríos de músicos, centrándose esta vez en Wagner.
Luego llegó el turno de Anabel R., quien salió con un cuento sobre cómo puede cambiar una relación amorosa de largo recorrido cuando uno de los dos, o ambos, pierde las inhibiciones y empieza a comportarse y a hacer cosas que "Jamás" (título de la historia) había hecho.
Sin haberlo planeado, salió Javi (Romo) con su mejor arma, la espontaniedad, a ofrecernos la tierna historia de un amor imposible a priori: el de una paloma blanca dispuesta a todo por el amor de un cuervo negro.
Con su habitual aplomo en escena, continuó Miguel quien, pasando por una hernia y una doctora con las manos demasiado frías, nos condujo en volandas hasta una novieta tan obsesionada con la limpieza que, sin pretenderlo, empuja al protagonista a cruzar la "línea roja" del amor...
Con enorme alegría recibimos a otra "luz de vela", Pedro; con su habitual desparpajo contador, nos desgranó una divertidísima historia, más de voyeurismo y fetichismo que de amor, con un final sencillamente genial. Visítanos más a menudo, Pedro.
Entre 2 "velas" (Pedro y Anabel) y a ritmo de ranchera brilló una cerilla bien luminosa, Ernesto, que nos regaló el precioso cuento de Txomin-Larry, maravilloso personaje, un poco de Hamelín, tan cuerdo para los niños y los saltamontes, y tan loco para los demás...
Y cerramos el círculo cuentista del viernes con una lazada brillante, tierna, conmovedora...: Anabel M. nos bordó con puntada perfecta "el aprendizaje amoroso", un cuento para menores de 100 años sobre cómo aprende una pareja a crecer día a día, aupándose en los escalones del amor.
Definitivamente, una sesión colorida, coloreada, colorada... de la que salimos todos, cada uno a su estilo, perdidamente enamorados.La foto y el montaje son de Txema
La crónica del día es de Anabel R.
La crónica del día es de Anabel R.